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DEPORTE: FÚTBOL
Lesiones en el fútbol

La práctica de los deportes de pelota ha acompañado al hombre desde hace siglos. Existen referencias que se remontan al siglo II antes de Cristo, en Egipto, como parte de un rito por la fertilidad. En la Edad Media hubo muchos caballeros obsesionados por los juegos con pelota, entre ellos Ricardo Corazón de León, quien llegó a proponer al caudillo musulmán Saladino, que dirimieran sus cuestiones sobre la propiedad de Jerusalén con un partido de pelota. Los Hindúes, los persas y los egipcios adoptaron este elemento para sus juegos, utilizándolo en una especie de handball o balonmano. Cuando llega a Grecia, es llamada “esfaira” (esfera). Los romanos la comienzan a denominar con el nombre de "pila" que con el tiempo se transformaría en pilotta, evolucionando el término a la denominación actual.

Los griegos y los romanos practicaron el fútbol, y estos últimos los llevaron a las islas británicas. El juego se convirtió en el deporte nacional inglés y, a principios del Siglo XIX, dio origen al rugby. El fútbol moderno tuvo su origen en Inglaterra en el Siglo XIX.

Durante la Edad Media el fútbol fue prohibido por su carácter violento. En 1848 apareció el Primer Reglamento de Cambridge, destinado a unificar las distintas reglas que se utilizaban. En 1863 se crearon nuevas reglas y el fútbol se separó definitivamente del rugby. El 21 de mayo de 1904 se funda la FIFA (Federación Internacional del Fútbol Asociado) y por primera vez se establecen reglas mundiales.  

Hoy es uno de los deportes más practicados en todo el planeta, muy popular y querido por la población de todas las edades, desde la infancia.

Foto de entrenamiento de fútbol infantil

Celia y Miguel Robles. El futbol infantil ha dejado de ser un deporte de chicos.

El fútbol es el deporte que aglutina mayor número de licencias en España, como ha quedado reflejado en la Memoria sobre Federaciones, licencias, y equipos federados del Consejo Superior de Deportes.

En 2010, el número de federados de esta disciplina ascendió a 805.707, suponiendo el 22,89% de los 3,5 millones de licencias que expidieron las 64 federaciones deportivas que operan en España. La supremacía del fútbol, en cuanto a número de licencias, se mantiene en los últimos años, por no hablar de las cifras económicas que se mueven.  

Los futbolistas son ídolos de masas y aunque no practican un deporte que genere, en proporción, tantas lesiones como, por ejemplo, el fútbol americano, una caída, un giro, un regate o una mala entrada de otro jugador pueden generar lesiones graves.

Grupo de aficionados jugando al fútbol

Parte del éxito del futbol es que con una pelota se puede divertir un barrio entero, un grupo de amigos o una familia entera. La familia Robles, jugando el verdadero clásico “solteros contra casados” en las praderas de Quintana de Raneros, León.

El sobreesfuerzo continuo, las largas temporadas (fruto del aumento de competiciones: liga, supercopa, Champions League, UEFA League, Mundial, Europeo, Copa Confederaciones…., y del interés económico que supone el futbol) acaban con la resistencia de estos deportistas, que pueden lesionarse o recaer de las mismas lesiones en diferentes temporadas, como le ha sucedido a Messi, con sus lesiones musculares, o a Canales, con su lesión del ligamento cruzado anterior.

El futbol, como toda actividad deportiva, profesional o aficionada, puede generar lesiones. Muchas de ellas se desarrollan en los capítulos de esta web pero repasamos alguna de las más frecuentes.

Se ha calculado que el riesgo de padecer cualquier lesión en el fútbol profesional es de 6 a 9 lesiones por 1.000 h de exposición, lo que explica que este riesgo laboral representaría, en una empresa de 25 trabajadores, que cada mes hubiera 9 trabajadores de baja laboral. El riesgo de lesionarse durante la competición es de 4 a 6 veces más frecuente que durante los entrenamientos. Según las referencias de la literatura, se calcula que un equipo profesional de 25 jugadores padecerá una media de 40-45 lesiones por temporada, de las cuales entre 16 y 20 serán poco importantes (tiempos de baja de menos de una semana); entre 16 y 20 serán moderadas (entre 1 y 4 semanas), y entre 8 y 10 serán graves (más de un mes de baja). En las lesiones musculares, que suponen el 30-40% de todas las lesiones, el riesgo lesional es de casi 2 por 1.000 h de exposición, y cada equipo puede padecer entre 10 y 14 lesiones musculares por temporada. En estudios de seguimiento de la UEFA, realizado entre los equipos de la Champions League durante un período de cuatro temporadas (2003-2006) se observó que la lesión más frecuente es la muscular y, entre estas la de los músculos isquiosurales, entre los que el músculo bíceps femoral es el más afectado.

 

LESIONES MUSCULARES

Resonancia magnética (RMN) de una lesión muscular en el muslo

Son una de las patologías más frecuentes en Traumatología deportiva y también entre los aficionados o profesionales del fútbol. Aunque la mayoría son leves, un 10% resulta grave y puede tener secuelas. Entre un 25% y un 30% de los deportistas de alto rendimiento las padecen en algún momento a lo largo de su vida (en estos atletas, entre un 30-40% de su peso corporal corresponde a tejido muscular). A lo largo de una temporada, un equipo profesional de fútbol sufre una media de 20 lesiones musculares.

 

RMN. Lesión muscular en el muslo.
Comparativa con el lado sano.

 


Factores predisponentes

Existen varios factores que pueden predisponer a un deportista a lesionarse, se clasifican en intrínsecos y extrínsecos.

  • Factores intrínsecos: son los relacionados con el propio deportista, su preparación física, su estado nutricional, antes y durante de la práctica deportiva, así como el equilibrio adecuado de electrolitos y sales.
    La sudoración origina pérdida de líquidos y sales en el organismo. Los músculos van perdiendo elasticidad al perder hidratación, por lo que tras un ejercicio prolongado aumentan las probabilidades de sufrir una lesión muscular, desde el típico pinchazo o tirón, hasta la rotura muscular grave. Si existen reservas adecuadas de energía en el músculo (glucógeno), las probabilidades de lesión son menores. Es por esta razón que la alimentación del deportista es un aspecto fundamental que deberemos atender tanto en los períodos de entrenamiento, como en los de competición. Otros factores predisponentes, que pueden facilitar una lesión muscular, son el antecedente de lesiones previas que hayan dejado una fibrosis cicatricial, las sobrecargas continuadas, las enfermedades generales, el uso de medicación, el exceso de tensión muscular o el sobrepeso.                                                                                                        
  • Factores extrínsecos: son aquellos que no dependen directamente del deportista como el estado del terreno de juego, dinámicas de entrenamiento, descansos, contexto competitivo, temperatura y humedad…. Por ejemplo, en los deportes de contacto suelen darse golpes entre un jugador y otro, entre un jugador y el terreno o con algún objeto propio del juego (marcos, barandas, paredes, otros). El futbol está entre los deportes de contacto que con mayor frecuencia causan lesiones. Otros son el fútbol americano, el rugby, hockey sobre hielo y el waterpolo.

 

TIPOS DE LESIONES MUSCULARES 

Imagen con indicación de los músculos de las piernas

Las lesiones musculares pueden clasificarse en agudas y crónicas. Las agudas se pueden deber a dos tipos de mecanismos lesional, traumatismo directo o indirecto. Las directas se producen por traumatismos directos sobre el músculo (contusiones, distensiones, esguinces, rabdomiolisis…). Las indirectas son aquellas producidas en otros tejidos que repercuten de forma indirecta sobre el músculo (lesión por isquemia o neurológica). La capacidad de regeneración muscular es menor que en el caso anterior. 

A) Inflamación muscular de comienzo retardado (IMCR): por sí sola no es una lesión, pero es un dolor que no aparece durante la actividad deportiva, sino entre 24 y 72 horas después de un ejercicio intenso o desacostumbrado. Puede afectar sólo a un músculo o a un grupo muscular. Se debe a la acumulación de ácido láctico y pirúvico. El dolor suele ser más intenso en la porción musculotendinosa, es decir, en la zona de transición entre músculo y tendón.

B) Calambre: es una contracción muscular involuntaria, intensa y dolorosa de varios grupos de fibras. Aparece como consecuencia de un sobreesfuerzo, ya sea porque el ejercicio era de una intensidad muy alta para ese músculo, o porque se reinicia la actividad deportiva luego de un período de descanso, por ejemplo de unas vacaciones. Suele ser de duración corta, unos cuantos segundos o un par de minutos. Un ejemplo típico se da en los músculos de la pantorrilla (músculos gemelos y sóleo), donde la persona sufre un terrible dolor (“un calambre”) pero desaparece al poco tiempo. Suele aparecer al inicio y al final de la de la práctica deportiva. Al principio porque el músculo no está bien calentado y al final por fatiga y deshidratación.

C) Contractura: es un aumento en el tono de un grupo de fibras musculares. Aparece una molestia muscular manifiesta, sin trauma directo, con dolor a la palpación y disfunción a la contracción tras la realización de actividades deportivas. Puede doler parte o la totalidad del músculo afectado tanto en reposo como en la elongación. Aparece de forma súbita y se mantiene varios días. La persona tiene como una “bola o un nudo” y al tacto siente como “un salto” en el músculo. Existe una limitación en la función del músculo. Puede ser leve, moderada o severa, dependiendo del número de fascículos afectados.

D) Distensión: corresponde a un sobreestiramiento del músculo pero sin llegar a dañarse o romperse, aunque le sigue un proceso de inflamación que genera dolor. Es el famoso “tirón”. Se produce principalmente en músculos llevados al límite de sus posibilidades de elongación. Es difícil de determinar el punto exacto de dolor, que suele ser difuso, por lo que la localización exacta de la lesión se hace con exámenes complementarios (ecografía o RMN). Pueden hallarse distensión en algunas fibras con integridad muscular y de las fascias aunque también es posible encontrar pequeñas lesiones fibrilares. Un ejemplo típico es del futbolista que lanza una falta de forma explosiva o “cañonazo” y al golpear la pelota se produce un estiramiento súbito y brusco de la musculatura de la parte posterior del muslo (musculatura flexora de la rodilla: isquiotibiales) o el caso de los velocistas, como hemos visto en los últimos años, incluso en finales olímpicas o de los campeonatos del mundo, o en el caso de Messi. En estos la contracción explosiva del cuádriceps provoca una elongación forzada de los isquiotibiales.

Leo Messi driblando a un contrario

Messi, cuatro años consecutivos ganador del Balón de Oro, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, durante el partido que le costó una nueva lesión en el bíceps femoral. Otros compañeros suyos del F.C. Barcelona: Xavi, Alves, Jordi Alba, Iniesta, Puyol…o antes Iniesta, Puyol, Eto’o, Henry, Ronaldinho, Touré Yayá o Deco sufrieron estas lesiones.

Cuando un jugador está fatigado, la coordinación entre la contracción y relajación de músculos antagonistas falla y, por milésimas de segundo, se solapan, y aparece la lesión. Se sabe que la potencia global del cuádriceps es tres veces la de los isquiotibiales, los flexores de la rodilla (en personas no entrenadas puede ser de 5/1), por lo que muchos autores piensan que la sincronización, más que el balance de potencia, es el principal factor que determina la posibilidad de esta lesión, también conocida como la lesión del velocista. Entre los factores de riesgo asociados se han postulado la debilidad de la musculatura posterior del muslo con respecto a la musculatura extensora, una pobre posición lumbar, la hipertonía del conjunto soleo-gemelo o la falta de flexibilidad. El momento crítico es el instante previo al apoyo, donde los isquiotibiales frenan la extensión de la rodilla para llevar el pie hacia atrás y los cuádriceps la intentan extender para preparar el inminente impacto del pie con el suelo.

E) Contusión: se da cuando el músculo se golpea contra una estructura dura, ya sea por el choque contra otro deportista o contra el suelo. Son muy frecuentes en los deportes de contacto. Las principales manifestaciones clínicas son un dolor difuso, difícil de determinar en un punto exacto, y la hinchazón, por la presencia de edema.

F) Rotura fibrilar (rotura parcial): es una rotura de un cierto número de haces musculares, pero sin afectar a todo el espesor del músculo, que sería la rotura completa. El deportista refiere haber sentido una sensación de pedrada o latigazo o incluso haber oído el ruido. Hay hemorragia local, por la ruptura miofibrilar o fascicular, de mayor o menor magnitud que puede localizarse superficial o profunda, pudiendo esta última prolongar el tiempo de inactividad. Existe dolor tanto a la contracción como a la elongación muscular con signos de tumefacción y equímosis tempranos. Es interesante destacar que algunos autores sólo consideran la rotura parcial (asignando o describiendo un porcentaje estimado de lesión del músculo (60%-80%) y la total (100%), mientras que otros subdividen las roturas en microrroturas, parciales y totales o, en función de la gravedad de las mismas y consideran tres grados: 

  1. Grado I: rotura fibrilar. Es la más frecuente. Se produce una rotura microscópica a nivel de las fibrillas musculares. Puede acompañarse de rotura de capilares apareciendo hematoma. El paciente refiere dolor violento que describe como "una pedrada" y se acompaña de impotencia funcional.
  2. Grado II: Rotura parcial. Suele representar el 20% de las roturas fibrilares. En este caso, hay mayor número de fibras rotas sin afectar al completo al vientre muscular. En la ecografía se aprecia la rotura y un hematoma intramuscular. Hay deformidad y hundimiento en la exploración física.
  3. Grado III: Rotura total. Lo importante es constatar las pruebas de imagen, el porcentaje de fibras afectadas y así planificar un proceso de rehabilitación. 

G) Rotura muscular (rotura total): es igual que la anterior, pero con la afectación de todo el músculo. El edema se extiende rápidamente y la piel se pone roja y caliente. El dolor es muy intenso, por lo que el deportista no puede seguir. Dado que la ruptura es total, se puede apreciar un hundimiento en la zona afectada, a esto se le conoce como “signo del hachazo” En deportistas puede requerir una reparación quirúrgica, salvo que afecte a un vientre muscular de un músculo grande, por ejemplo el cuádriceps. En los miembros superiores suele darse alrededor del hombro, en deportes que demanden mucha fuerza explosiva, como el voleibol (saque o remate con una mano) o el lanzamiento de jabalina.

En los últimos años se utiliza, cada vez más, un  patrón descriptivo de las lesiones musculares: primero se clasifican con según los criterios previos, criterios clínico-anatomopatológicos; después el primer apellido, que indica la localización concreta de la lesión y, concretamente, si tiene o no relación con el componente conectivo, y finalmente, el segundo apellido, que detalla el grupo muscular afectado en concreto. Por ejemplo hablaríamos de una rotura muscular grado I, en la unión musculotendinosa proximal del bíceps femoral.
 

Tratamiento

Dependiendo del grado de lesión el tratamiento incluye una primera fase de antiinflamatorios, vendaje compresivo, medidas físicas, hielo….durante las primeras 48-72 horas.

A partir de las 48-72 horas, en los casos en que la lesión y el hematoma es muy importante se suele hacer un seguimiento ecográfico del mismo (antes la ecografía no suele ser significativa y la RMN es la prueba de elección) y, dependiendo de la evolución, se puede plantear el drenaje parcial del hematoma, para prevenir encapsulamientos y cicatrizaciones que comprometan la función del grupo muscular. También se puede considerar la infiltración de PRFC para acelerar la reparación y regeneración tisular. 

A partir de la primera semana nuestras medidas comienzan a orientarse a que la cicatrización del músculo sea funcional y organizada (las fibras de la cicatrización han de ser longitudinales, en la misma dirección del músculo). Hay que evitar cicatrices aberrantes e hipertróficas y que la reparación del músculo esté mal estructurada limitando su elasticidad y predisponiendo al deportista a roturas en la misma zona. 

A partir de la semana y media o dos semanas, de una forma muy controlada, introducimos los ejercicios excéntricos, los estiramientos y la EPI (electrolisis percutánea intratisular) que han demostrado contribuir a organizar las fibras musculares.

La cirugía es excepcional. Se reserva para ciertas lesiones crónicas que limitan el rendimiento de los futbolistas, como el caso reciente del jugador del F.C. Barcelona Ibrahim Afellay, o para arrancamientos en la inserción de algunos músculos.

 

LESIONES ÓSEAS Y ARTICULARES

Las principales lesiones que afectan a los huesos y articulaciones son fracturas, esguinces, traumatismos y luxaciones. En el fútbol las más frecuentes son:

Fractura de los huesos de la nariz: consiste en la ruptura de los huesos propios de la nariz. Esta lesión suele producirse en impactos contra adversarios, compañeros y el propio balón o por agresiones, como la tristemente recordada de Tassotti a Luís Enrique.  

Fractura de tibia y peroné: La fractura de la diáfisis de estos huesos suele producirse en fuertes encontronazos tras una entrada con un adversario. En algunas ocasiones tan sólo se rompe uno de los dos huesos pero si la entrada es fuerte lo más probable es que ocurra la doble fractura. Manuel Pablo o David Villa han sufrido esta lesión que obliga a una intervención quirúrgica.  No han sido los únicos, el uruguayo Nicolás Royon, el internacional francés Hatem Ben Arfa, del Newcastle, el centrocampista griego del Racing de Santander Alexandros Tziolis, el centrocampista galés Aaron Ramsey, del Arsenal, el defensa polaco Marcin Wasilewski, el delantero Íñigo Díaz de Cerio, de la Real Sociedad, el croata Eduardo Da Silva, del Arsenal, el francés Djibrill Cissé, el jugador argentino del Real Mallorca Federico Lussenhoff o Martín Palermo, quién sufrió una doble fractura de tibia y peroné en la pierna izquierda durante la celebración del gol que le marcó con el Villarreal al Levante con un grupo de hinchas de su equipo, al caérsele un muro encima son ejemplos de esta lesión no tan infrecuente, pero que suele ser causada por otro tipo de accidente, como le ocurrió al futbolista Éver Banega, del Valencia CF, tras sufrir un accidente de tráfico.

Fratura de tibia y peroné en un partido de fútbol

 Esta espectacular imagen no es tan infrecuente como podría pensarse en los campos de futbol.

Imagen de la lesión de David Villa

 David Villa tras sufrir su grave lesión.

Rotura de las falanges del pie: la peculiaridad que guarda este tipo de lesión se debe a que en la mayoría de los casos se produce involuntariamente, tanto que ni el que se lesiona como el que lesiona se suelen dar cuenta hasta  después del partido.

Rotura de las falanges de la mano o muñeca. Es más frecuente entre los porteros puede producirse por impacto con otro jugador o por una mala posición al recoger la pelota.

Foto de Iker Casillas


 

El año pasado fue, probablemente, el peor año profesional de Iker Casillas, con la fractura en la base del primer metacarpiano de la mano izquierda. 

 


 

ESGUINCES DE TOBILLO

Suponen el 25% del total de lesiones deportivas. En la Liga de Fútbol Profesional, suponen el 22% de las lesiones que sufre un deportista a lo largo de una temporada.

El tobillo, una articulación de tipo bisagra, recibe cargas enormes, especialmente en la carrera o en deportes con giro sobre la extremidad, como el futbol.

Los esguinces del tobillo resultan del desplazamiento hacia dentro o hacia fuera del pie, distendiendo o rompiendo los ligamentos de la cara interna o externa del tobillo.

El dolor de un esguince de tobillo es intenso y con frecuencia impide que el individuo pueda trabajar o practicar su deporte durante un periodo variable de tiempo. Sin embargo, con un tratamiento adecuado, los esguinces de tobillo en la mayoría de los casos curan rápidamente y no se convierten en un problema crónico.

Hablamos de esguince cuando existe una lesión de los ligamentos que sujetan el tobillo, esta lesión puede ser incompleta y microscópica como en el esguince grado 1, incompleta y  macroscópica como en el esguince grado 2, o un lesión completa del ligamento en el esguince grado 3.

Fuerte entrada que provoca rotura de los ligamentos del tobillo


 

La lesión completa o rotura de los ligamentos del tobillo es una lesión muy dolorosa con un período de recuperación muy largo y que puede requerir la reparación quirúrgica.


 


 TOBILLO DEL FUTBOLISTA

Se conoce como tobillo del futbolista a la lesión “residual” que quedan en los tobillos tras varios esguinces recidivantes tanto en el compartimento exterior como en el anterior debido a una inestabilidad ligamentosa  o de la cápsula articular. Un buen trabajo de propiocepción y potenciación puede acabar con este problema.

 

LESIONES DEL LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR (LCA) 

Ronaldo, De la Peña, Robben, Tote, Óscar Serrano, Van Basten, Asenjo o Canales, en dos ocasiones, han sufrido esta lesión, con suerte dispar. Las lesiones complejas de la rodilla, aquellas que afectan a más de una estructura, son la verdadera amenaza para la carrera de un futbolista, aficionado o de élite. El 90% de los pacientes se reincorporan plenamente a la actividad previa. Romperse el cruzado no es el principio del fin.

El ligamento cruzado anterior es principal estabilizador de la rodilla, tanto en sentido antero-posterior como rotacional (aproximadamente 90% de la fuerza). Limita el desplazamiento anterior de la tibia con respecto al fémur, la rotación tibial y la angulación en varo o valgo de la rodilla cuando está en extensión completa. Es el ligamento que más frecuentemente se lesiona en deportes de contacto o giro como el futbol, fútbol americano, rugby, esquí, entre otros, llegando a ser 30 veces más frecuente que la lesión del ligamento cruzado posterior.. 

Es la causa más frecuente de hemartros (derrame con sangre dentro de la articulación) en traumatismo agudos. 

Diferentes factores extrínsecos e intrínsecos se han postulado como favorecedores de las lesiones del LCA. El tipo de actividad deportiva o laboral, la laxitud articular, los defectos de rotación de las extremidades, o de angulación, como en genu valgo...etc. 

 

Mecanismo de lesión

Los mecanismos de lesión de esta estructura son valgo-rotación externa, hiperextensión, desaceleración y varo-rotación interna.

De todos estos mecanismos se estima que el valgo de rodilla con rotación externa es responsable en el 70% de los casos y que el resto acontecen en el 30% de los casos.

El LCA puede romperse en deportes de contacto, por un traumatismo más o menos violento (por ejemplo una entrada en el futbol con un traumatismo directo en el lateral de la rodilla o en la parte posterior de la pierna), o sin traumatismo directo o contacto alguno, al hacer una parada o desaceleración brusca tras un salto o una carrera, un cambio de dirección o un giro brusco de la rodilla con el pie apoyado en el suelo (futbol americano, bádminton, futbol, baloncesto, esquí) o al hacer una hiperextensión forzada, como al dar una patada al aire o en falso.

Con estas maniobras, lo más frecuente es estando la pierna apoyada, se produce una rotación externa de la tibia sobre el fémur y valgo forzado, iniciando una rotura del LCA que puede ser aislada o puede ser el inicio de una lesión en cadena.  

Con frecuencia las lesiones del LCA no ocurren solas, coexisten con lesiones de los meniscos o de otros ligamentos. Un ejemplo clásico es la denominada ‘triada desgraciada’ o ‘triada triste de rodilla’ descrita por el doctor Donald H. O´Donoghue (19901-1992) en 1950. Inicialmente descrita como la combinación de la lesión del LCA, menisco interno y ligamento lateral interno hoy se sabe que es más frecuente la asociación de la lesión del LCA, LLI y menisco externo.
 

Raúl Gonzalez Blanco celebrando un gol con el Real Madrid

Raúl González Blanco, "El ferrari blanco", "El señor de los anillos", “Señor Raúl, “uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos”, en palabras de Rafael Nadal, superó una lesión parcial del LCA, del menisco externo y de la capsula posteroexterna, sin cirugía. El afirmó entonces: "Hay que ir paso a paso y en 3 ó 4 meses puedo estar con fuerza para jugar muchos años y sin problemas". Su fuerza de voluntad y su afán de superación fueron determinantes en su recuperación.


Clínica

El futbolista puede sentir un dolor fuerte, un “crujido”, o la sensación de que algo se le rompe o se le destensa dentro de la rodilla, en el momento en que se produce la lesión.

Generalmente, en las roturas agudas completas, el deportista no puede seguir jugando, el dolor es intenso e invalidante al apoyar el pie en el suelo o intentar caminar.

En unas horas se producirá un derrame importante, por sangrado, dentro de la rodilla, complicando la exploración clínica. En los casos en que hay rotura de la capsula articular el derrame articular (si hay sangre en la rodilla se llama hemartros) no se queda a tensión dentro de la rodilla, se va por la pierna hacia abajo. En los casos con rotura parcial o rotura intra-sustancia o rotura completa sobre una lesión previa incompleta el derrame puede ser menos marcado. Con frecuencia si el paciente tiene derrame a tensión, por una rotura aguda, está indicada la evacuación que permite aliviar el dolor, facilita la exploración clínica posterior, permite identificar si hay o no grasa en la sangre (señal de lesión del hueso) y puede acelerar y mejorar la recuperación funcional. Es frecuente que el paciente no pueda extender la rodilla completamente y tenga dolor en la cara interna de la misma.

En los primeros días, salgo que exista una lesión compleja el dolor y la defensa complican la exploración. Cuando baja el dolor y la inflamación el paciente puede sentir que la rodilla “se le va” y que tiene mucha dificultad para doblar o estirar la rodilla del todo.


Diagnóstico

La historia clínica, la presencia de derrame y el mecanismo de producción permiten la sospecha clínica.

La radiografía simple de la rodilla puede revelar signos indirectos e inespecíficos, como un aumento de líquido articular por hemartros (sangre dentro de la rodilla), que se ve en el 70% de las roturas agudas del LCA. Otros signos más específicos son la existencia de algún arrancamiento óseo, de las inserciones del ligamento, una lesión en el cóndilo o una fractura asociada del platillo tibial, fractura de Segond.

Imágenes de rodilla con derrame y fractura de Segond

 

Imagen izqda.
Rodilla con derrame, líquido intraarticular.

 

Imagen dcha.
Fractura de Segond.
Muy específica de lesión del LCA.

 

 

La prueba más sensible y específica es la resonancia magnética. Mediante esta prueba, se pueden valorar las posibles lesiones asociadas como las meniscales, las del cartílago o las de otros ligamentos. 

Ligamento cruzado anterior (LCA) roto


 

 

LCA roto. En la imagen de RMN se observa la ausencia del LCA, queda una imagen blanca, de vacío, donde debería estar el ligamento.

 


 
Tratamiento

Generalmente, excepto en atletas de élite, se prefiere la cirugía diferida, cuando ha bajado la inflamación,  la rodilla ha recuperado su rango de movilidad y el dolor no va a comprometer la rehabilitación post-operatoria. Así se reduce el porcentaje de complicaciones.
La cirugía suele estar indicada en los pacientes jóvenes y activos, deportistas o no.

La rotura del LCA creará una inestabilidad crónica de la rodilla, provocando en el paciente la sensación de inseguridad en la misma, limitando la actividad física, laboral o deportiva y muchas actividades de la vida basal que implican giros de la rodilla. Si el paciente sigue realizando deportes de contacto o actividades de impacto la historia natural es que, a la larga, cada vez haya un porcentaje mayor de pacientes con lesiones asociadas otras estructuras de la rodilla, meniscos o cartílago, predisponiendo al desarrollo de una artrosis precoz. 

Sin embargo la prevención de una teórica artrosis no es una indicación para cirugía de reconstrucción del LCA. Algunos deportistas han podido superar esta lesión y tener rendimientos deportivos de élite, con el cruzado roto. El dolor y la limitación funcional son los que determinan la indicación de cirugía. Los resultados son satisfactorios en más del 90% de los pacientes, quienes recuperan el nivel de actividad previa.

 

LESIONES DE LOS MENISCOS 

El menisco es una estructura fibrocartilaginosa situada entre el fémur y la tibia, dentro de la articulación de la rodilla, con forma semilunar, cuya principal función es aumentar la profundidad de la superficie relativamente plana de la parte superior de la tibia y la congruencia entre el fémur y la tibia. Los meniscos mejoran la estabilidad de la rodilla y absorben impactos.

El menisco distribuye las fuerzas transmitidas a través de la rodilla: soporta alrededor del 40% de la carga que recibe la articulación, contribuye a reducir el impacto entre fémur y tibia y a reducir la fricción entre ambos.

El menisco interno se lesiona con más frecuencia que el externo en una proporción de 3-5 a 1. El menisco interno está anclado a la cápsula articular en toda su periferia, por lo que es menos móvil, lo cual podría hacerlo más propenso a la rotura.
El tercio externo o periférico de los meniscos está vascularizado e inervado, por tanto presenta cierto potencial de cicatrización. Esta parte es la que tiene mayor importancia desde el punto de vista mecánico.
El resto del menisco (2/3 internos), es aneural y avascular, con débil o nula capacidad de cicatrización y, aunque puede dar síntomas, si se rompe y se altera la congruencia entre las superficies articulares, esta parte no tiene receptores de dolor.
 

Fisiopatología 

Las lesiones meniscales pueden ocurrir a cualquier edad, pero las causas son algo diferentes entre los distintos grupos de edad.

En los pacientes más jóvenes, el menisco es una estructura bastante resistente y elástica y su lesión suele estar relacionada con alguna práctica deportiva. Las roturas del menisco en pacientes menores de 30 años generalmente son el resultado de un traumatismo importante, generalmente con un mecanismo de torsión de la rodilla.
 

Clínica 

El dolor es el problema más frecuente que aparece con un menisco roto. Se puede localizar en la interlínea articular (en el lado interno o externo donde se sitúe el menisco lesionado) o puede ser más difuso y referirse a toda la rodilla o irradiarse hacia la pierna. Puede aparecer con las actividades deportivas o con determinadas maniobras, como ponerse en cuclillas, subir y bajar escaleras o al hacer giros, con el pie apoyado. 

El cuadro se puede acompañar de chasquidos, pseudobloqueos (el pseudobloqueo suele ser una defensa antiálgica, tras posiciones fijas, o provocado por la contractura, la inflamación o la defensa de las partes blandas, es reductible aunque si persiste la situación va empeorando), sensación de fallo (generalmente antiálgicos, el paciente no apoya para no sentir dolor) o, si hay derrame sinovial, sensación de presión o hinchazón en la rodilla. 

En los casos en que el fragmento roto es muy grande e inestable se puede producir un bloqueo real (el bloqueo real es cuando una estructura, un trozo de menisco en este caso, se interpone entre el fémur y la tibia, limitando su normal deslizamiento) y la rodilla no puede extenderse por completo porque el fragmento roto del menisco se interpone entre la tibia y el fémur. Si los cuadros de inflamación son graves y continuados significa que existe inestabilidad e incongruencia articular, pudiendo asociarse un desgaste mayor del cartílago articular.

Si persiste la situación de derrame mantenido la rodilla puede perder arco de movimiento.
 

Diagnóstico 

La sospecha diagnóstica es clínica. Las maniobras de exploración se basan en combinaciones de rotación-compresión del menisco desde posiciones de extensión o flexión.  

Rotura del menisco interno de la rodilla

Rotura del menisco interno

Las radiografías sirven para descartar otras lesiones pero no para ver el menisco.

La confirmación se obtiene con la RMN, que permitirá ver la complejidad de la rotura, el trazo, localización de la misma o el daño asociado de lesiones de cartílago o ligamentos y otras estructuras.
 

Tratamiento 

El tratamiento lo determinará, como siempre, la clínica del paciente, pero también la naturaleza de la lesión.

Existen cuadros de pinzamiento o irritación del borde meniscal o de los cuernos del mismo que dan una inflamación o parameniscitis que se pueden resolver con reposo, sin operar, en pocas semanas. Estos no necesitan cirugía, salvo que la lesión progrese o la curación no sea completa.
Las lesiones periféricas pueden dar lugar a fenómenos de distensión del paramenisco que originen un quiste meniscal. Esto es más frecuente en el lado externo, que es más móvil. Se puede observar una tumoración en la cara lateral de la interlinea articular que cambia de tamaño dependiendo de la posición de flexión o extensión de la rodilla. Suele situarse anterior al ligamento colateral. En ocasiones requieren el abordaje quirúrgico desde el interior, por artroscopia o, más raramente, independiente, con una pequeña artrotomía.

Las roturas de menisco en pacientes jóvenes, deportistas, con limitación, fallos o pseudobloqueos son indicación de cirugía mediante artroscopia de rodilla. Si la rotura es en una zona no reparable se resecará el fragmento. En general se hará una meniscectomía parcial, con resección de los fragmentos inestables, tan económica como sea posible, salvando la mayor cantidad de menisco.

Rotura meniscal y resección de rodilla

Rotura meniscal y resección. Las zonas internas no tienen vascularización y no suelen ser reparables. Si la rotura se encuentra en una zona suturable, se realiza una sutura en lugar de resecar el fragmento roto

Respecto al menisco discoideo si este se descubre por una RMN realizada por otra causa no se trata, se considera un hallazgo y ya hemos resaltado que se operan pacientes y no resonancias.

Sutura meniscal en intervención de rodilla

Sutura meniscal.

Si el menisco discoideo se ha roto y es sintomático se hace una resección parcial y se regulariza, siguiendo los patrones descritos de remodelación e intentando evitar la meniscectomía total. 

Raphael Varane en el momento de lesión

Raphael Varane sufrió una lesión en el menisco externo. Las lesiones del menisco externo pueden ser más difíciles de recuperar que las del menisco interno. 


LESIONES TENDINOSAS
 

Los tendones más frecuentemente lesionados son el tendón rotuliano en la rodilla y el tendón de Aquiles en el tobillo.

Hay muchas causas que provocan dicha tendinopatía. Lo más frecuente es que sea el resultado de prolongadas y repetidas sobrecargas mecánicas. Los cambios que se producen en el espesor del tendón son debidos, al comienzo del proceso, a microrroturas que provocan el deterioro del colágeno y conllevan la producción de la fibrosis (tejido de cicatrización). El colágeno es un elemento fundamental del tendón, responsable de la mayoría de las propiedades del mismo, como es la capacidad de adaptación al esfuerzo y la elasticidad. Si se produce la fibrosis, el tendón deja de ser una “goma elástica” para convertirse en una “cuerda”, con la consiguiente falta de adaptación al esfuerzo. La lesión se suele producir con más frecuencia en la unión del tendón con el polo inferior de la rótula, aunque la parte fundamental del tendón quede intacta. Se denomina entesitis del polo inferior de la rótula y supone el 90% de la patología que asienta sobre el tendón rotuliano. En el caso del tendón de Aquiles, el lugar más propenso para que se produzca una lesión es su inserción en el calcáneo o en la llamada zona avascular, entre 2-6 cm de dicha inserción.

Las causas por las que se producen estas lesiones van estrechamente relacionadas con las características del entrenamiento, la frecuencia, duración, intensidad, el tipo de competición, la superficie de juego, son los llamados factores extrínsecos o que no dependen del jugador. Pero hay otras particularidades que dependen del propio jugador como, por ejemplo, las alteraciones del eje del aparato extensor como cuando las rodillas se encuentran en posición de X o genu valgo, o cuando la forma de las piernas tiene aspecto de “paréntesis” o genu varo.
 

PREVENCIÓN DE LESIONES EN EL FUTBOL

Han de evitarse, si es posible, cuantos factores de riesgo sea posible: 

  • Preparación deficiente (entrenamiento-calentamiento)
  • Lesiones previas, rehabilitación inadecuada
  • Fibrosis cicatricial
  • Sobrecargas continuadas
  • Exceso de tensión muscular
  • Sobrepeso
  • Enfermedades generales – medicación – dieta inadecuada. 

También es necesario el uso de material deportivo adecuado como espinilleras que protegen la parte inferior de las piernas de posibles fracturas óseas durante el entrenamiento y los partidos.

El equipo de los guardametas debe estar acolchado para proteger caderas, codos y hombros (rodillas durante el entrenamiento). Además deben llevar guantes apropiados. Son aspectos fundamentales una buena preparación física y una adecuada nutrición.